My Gift To You—–Te regalaré un abismo

My gift to you will be an abyss, she said,
but it will be so subtle you’ll perceive it
only after many years have passed
and you are far from Mexico and me.
You’ll find it when you need it most,
and that won’t be
the happy ending,
but it will be an instant of emptiness and joy.
And maybe then you’ll remember me,
if only just a little.

My Gift To You, Roberto Bolaño

Photo: Henry Cartier Bresson- Hyeres France, 1932

Image

Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás,
y ese no será
el final feliz,
pero sí un instante de vacío y de felicidad
Y tal vez entonces te acuerdes de mí,
aunque no mucho.

 Te regalaré un abismo – Roberto Bolaño

Somos especialistas

Un piloto poeta escribió versos en el cielo; una pureza azul de fondo y unos versos que sin fisura y sin torpeza decían: “Se acabó la guerra, la distancia la absorbió el destino, escapemos de ella, tomemos el mismo camino”.
Por mi mente pasaba una película en blanco y negro, con imágenes de sombras y siluetas, ambos personajes mirándose a los ojos y el protagonista decía: ” Somos especialistas, somos surrealistas, manejamos nuestra atracción con abstracción”.
Era cómo si mi mano izquierda me señalase una carretera y mi mano derecha una cordillera.

20130708-083152.jpg

Blancos y negros

Despierto en una habitación extraña, una cama blanca de hotel que contrasta con el cielo gris.  El día oscuro despierta alguna angustia o más bien una nostalgia. Nostalgia de aquellos días luminosos. Nostalgia de esos días cuando estaba viva y soñaba. No sé sí era diciembre o enero pero sé que sentía el viento helado en la cara.  Hoy siento tus risas tan lejanas, hoy los sueños son opacos. Por la tarde busco tu sombra, hoy estoy perdida en esta ciudad oscura.  
*foto por Ansel AdamsRails and Jet Trails, Roseville, California, 1953

Love after Love

“The time will come
when, with elation
you will greet yourself arriving
at your own door, in your own mirror
and each will smile at the other’s welcome,

and say, sit here. Eat.
You will love again the stranger who was your self.
Give wine. Give bread. Give back your heart
to itself, to the stranger who has loved you

all your life, whom you ignored
for another, who knows you by heart.
Take down the love letters from the bookshelf,

the photographs, the desperate notes,
peel your own image from the mirror.
Sit. Feast on your life.”

Derek Walcott

Una montaña impenetrable

Caminamos por el barro en una montaña impenetrable. Era un paraíso perdido donde sólo el silencio nos acompañaba. El lodo a cada paso nos ayudaba a pensar en nuestros obstáculos y esa suciedad nos hacía cómplices de algo que solo nosotros conocíamos. Por varios meses supimos que cualquiera de esos encuentros nuestros a la hora más obscura del día podía ser el último. Recuerdo que en la montaña habían árboles con ramas de una frondosidad impresionante de los cuales siempre brotaba savia, recordandonos que la naturaleza redime. La vegetación era espesa, el deseo intenso y entre más subíamos, más olvidaba la masa nuestra existencia. Los amaneceres eran nuestros eslabones perdidos y la niebla de noche nos hacia guerreros, artistas y poetas. Ese era nuestro destino; el despertar de una poesía interna, tan propia, que una tarde nos vió llegar a la cima de la montaña y fue tan silenciosa que se hizo insoportable. Esa tarde tuviste que escoger y tus palabras salieron al rescate para prometerme una tierna separación y una fidelidad eterna.

Tambores de alegría

Estoy sola entrando en un mar azul. Aquí todo tiene una belleza impresionante. Mi corazón late tan rápido como si fuera un tambor lleno de alegría. Recordé que de niña me gustaba estar sola en lugares solitarios, para poder inventarme historias y diálogos. Esta es una señal. El viento sopla fuerte esta tarde, la marea es alta, el viento golpea y el agua se levanta, se convierte en lluvia. Ésto es diciembre. Me seducen los elementos. Tengo el agua por las rodillas, el brillo y luminosidad me capturan y no puedo entrar a bañarme, sólo puedo observar. Ésto es una ceremonia. Pienso en el arte, en la vida de los artistas. Cierro los ojos, me deshago en lágrimas. Abro los ojos, la naturaleza y el arte recobran sus prerrogativas. Este es un compromiso. Entro al mar, el agua me desviste de cualquier pensamiento y se mezcla con mis lágrimas. Me sumerjo y el fondo del mar resplandece de intensos colores.
Mi corazón es un tambor de alegría.

Hoy hay sol

Todos estan desayunando, toman jugo. Yo decido: me llevo un libro y armo una tienda gitana. Me acuesto en la arena blanca, cierro los ojos. Soy viajera con mis sentidos. Mi cabello negro está caliente. El sonido del mar relaja y el viento pasa por todo mi cuerpo. Mi sexo está libre, mis músculos se contraen. Este horno se me sale por los poros. Mi cuerpo está drogado por el Sol. Armadillos, caracoles y sombras. El Sol me esta mordiendo con una furia de alacranes. Entreabro los ojos y puedo ver el brillo de un mar luminoso. Un botón de despegue, un gruñido, un swing. No puedo pensar.

Road trip

Las calles grises estaban mojadas y eran calles donde no vivía nadie.
En el fondo nubes oscuras y unas blancas pasando a gran velocidad. Fue un día particular. Yo estaba inquieta y quería señales.
Era viernes y salimos de paseo a pesar de las condiciones del clima y el tiempo. Frente a nosotros, una nube negra grande amenazaba con una tormenta. Empezó a llover. Cualquier esperanza de sol se desvanecía.
Nos metimos en un bar y pedimos dos tragos. Mezcal para tí, ron para mí. Eso era lo que necesitábamos, dijimos, luego partimos.
El verde del pasto se puso mas verde y las montañas azules sobresalían en el paisaje gris y húmedo.
Veía gente desconocida caminando y a caballo por las calles en silencio. Yo manejaba en silencio también.
La musica de fondo en el carro repetía “my little girl, drive anywhere, do what you want, I don’t care”
Faltaba poco para que cayera la noche y salió un cachito de sol.  Se iluminó el cielo.  Nos estacionamos en un puente. Había que estacionarse a ver esto:  mi lado derecho estaba una luna enorme saliendo y reflejandose en lago.  Qué sentimiento tan fuerte de serenidad y calma.  Quede inmóvil.  Del lado izquierdo estaba el volcán en erupción y el sol estaba cayendo. Que poder e inspiración. De mis ojos caían lágrimas. Fue un descubrimiento. Sí se puede!, repetía yo. Recibí el mensaje.

Sin luna es mejor

El personaje de mi sueño fue el cielo. Un cielo estrellado y negro, el color de la noche. Sin luna es mejor, repetía yo en el sueño. Se derretían en mis ojos las estrellas en cámara lenta. Caían como flechas. Parecían miles de ojos sonriendo. Volvía de vez en cuando a ver a mi lado a quienes estaban ahí para saber si era cierto lo que veía. Así de real. Luego recordé que al acostarme le pedí a la noche un regalo, una locura, una esperanza.

La mujer francesa – Roberto Bolaño

Una mujer inteligente.
Una mujer hermosa.
Conocía todas las variantes, todas las posibilidades.
Lectora de los aforismos de Duchamp y de los relatos de Defoe.
En general con un auto control envidiable,
Salvo cuando se deprimía y se emborrachaba,
Algo que podía durar dos o tres días,
Una sucesión de burdeos y valiums
Que te ponía la carne de gallina.
Entonces solía contarte las historias que le sucedieron
Entre los 15 y los 18.
Una película de sexo y de terror,
Cuerpos desnudos y negocios en los límites de la ley,
Una actriz vocacional y al mismo tiempo una chica con extraños rasgos de avaricia.
La conocí cuando acababa de cumplir los 25,
En una época tranquila.
Supongo que tenía miedo de la vejez y de la muerte.
La vejez para ella eran los treinta años,
La Guerra de los Treinta Años,
Los treinta años de Cristo cuando empezó a predicar,
Una edad como cualquier otra, le decía mientras cenábamos
A la luz de las velas
Contemplando el discurrir del río más literario del planeta.
Pero para nosotros el prestigio estaba en otra parte,
En las bandas poseídas por la lentitud, en los gestos
Exquisitamente lentos
Del desarreglo nervioso,
En las camas oscuras,
En la multiplicación geométrica de las vitrinas vacías
Y en el hoyo de la realidad,
Nuestro absoluto,
Nuestro Voltaire,
Nuestra filosofía de dormitorio y tocador.
Como decía, una muchacha inteligente,
Con esa rara virtud previsora
(Rara para nosotros, latinoamericanos)
Que es tan común en su patria,
En donde hasta los asesinos tienen una cartilla de ahorros
y ella no iba a ser menos,
Una cartilla de ahorros y una foto de Tristán Cabral,
La nostalgia de lo no vivido,
Mientras aquel prestigioso río arrastraba un sol moribundo
Y sobre sus mejillas rodaban lágrimas aparentemente gratuitas.
No me quiero morir, susurraba mientras se corría
En la perspicaz oscuridad del dormitorio,
Y yo no sabía qué decir,
En verdad no sabía qué decir,
Salvo acariciada y sostenerla mientras se movía
Arriba y abajo como la vida,
Arriba y abajo como las poetas de Francia
Inocentes y castigadas,
Hasta que volvía al planeta Tierra
Y de sus labios brotaban
Pasajes de su adolescencia que de improviso llenaban nuestra habitación Con duplicados que lloraban en las escaleras automáticas del metro,
Con duplicados que hacían el amor con dos tipos a la vez
Mientras afuera caía la lluvia
Sobre las bolsas de basura y sobre las pistolas abandonadas
En las bolsas de basura,
La lluvia que todo lo lava
Menos la memoria y la razón.
Vestidos, chaquetas de cuero, botas italianas, lencería para volverse loco,
Para volverla loca,
Aparecían y desaparecían en nuestra habitación fosforescente y pulsátil,
Y trazos rápidos de otras aventuras menos íntimas
Fulguraban en sus ojos heridos como luciérnagas.
Un amor que no iba a durar mucho
Pero que a la postre resultaría inolvidable.
Eso dijo,
Sentada junto a la ventana,
Su rostro suspendido en el tiempo,
Sus labios: los labios de una estatua.
Un amor inolvidable
Bajo la lluvia,
Bajo ese cielo erizado de antenas en donde convivían
Los artesonados del Siglo XVII
Con las cagadas de palomas del Siglo XX.
Y en medio
Toda la inextinguible capacidad de provocar dolor,
Invicta a través de los años,
Invicta a través de los amores Inolvidables.
Eso dijo, sí.
Un amor inolvidable
Y breve,
¿Como un huracán?,
No, un amor breve como el suspiro de una cabeza guillotinada,
La cabeza de un rey o un conde bretón,
Breve como la belleza,
La belleza absoluta,
La que contiene toda la grandeza y la miseria del mundo
Y que sólo es visible para quienes aman.

de «Los Perros Románticos»

20131027-102429.jpg