Macrocosmos a 90 kilómetros por hora- Luis Chaves

Con la cabeza en ángulo abierto e inclinada ligeramente hacia la conductora, miraba las imágenes que fluían por el techo corredizo como si ese agujero rectangular fuera un televisor: la pantalla horizontal donde se transmitía un largometraje diferente al del parabrisas. No el asfalto ni las líneas blancas intermitentes que precipitaban su paso conforme se acercaban en dirección opuesta al automóvil. No. Sino los troncos y ramas invertidas de jacarandas y robles que dejaban entrever un fondo azul y las primeras estrellas de la que sería una noche clara y fresca. Los dos en silencio. Cada uno en su propia película. La cabina poblada por una calma parecida a la de sentarse a fumar en una mecedora, sólo que sin mecedora y sin fumar. Sin desviar la mirada de ese símbolo de prestigio y juventud que representa el sun roof, colocó su mano sobre la pierna derecha de la conductora. Un reflejo, un acto ajeno a cualquier premeditación. Un movimiento solitario, casi estúpido, que no perturbó el silencio cósmico de la cabina. Sólo dos personas que se conocen pueden compartir un silencio como ese. Sólo quienes han convivido aceptan la muda compañía de una existencia perfectamente desconocida. La garúa delicada del final de la tarde punteaba de cristales minúsculos el parabrisas y de alfileres invisibles el rostro del copiloto, que ahora observaba un cielo violeta cada vez más cóncavo. Dos cuerpos desplazándose en la misma dirección. Dos cabezas en universos separados por millones de años luz. La distancia sideral que los reunía.
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s